Aporte de las mujeres en el mundo de la musica!

Cuando se habla de arte, personajes como Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, El Greco, Velázquez, por citar algunos, no escapan al conocimiento de una persona con un mínimo de cultura general. Todo el mundo ha oído hablar de ellos alguna vez. Pero, ¿podríamos dar con la misma facilidad un sólo ejemplo de alguna pintora o escultora, contemporánea de cualquiera de los artistas nombrados más arriba?. No es tan fácil ¿verdad?. ¿Acaso no hay representantes del sexo femenino entre los artistas de épocas anteriores?. ¿Acaso existen y por alguna circunstancia han quedado, tanto ellos como su obra, relegados al cruel olvido?. ¿Tendrían Rembrandt o Goya algún “colega” del sexo opuesto?. Pues la verdad, lo desconozco por completo. (No estaría de más que tras leer esto alguno de vosotros os animarais a averiguarlo).

Por lo que a mí respecta, desde hace ya algún tiempo, movido por la curiosidad comencé a buscar información a cerca del tema pero en el campo de la música. Me preguntaba si T. L. de Victoria, J. S. Bach, W. A. Mozart, L. van Beethoven, R. Schumann, J. Brahms, G. Verdi, R. Wagner, M. Ravel, M de Falla, por citar algunos, tuvieron en su día colegas del sexo femenino. Tras hacer las pertinentes averiguaciones no podéis imaginar ¡cuántas y que agradables sorpresas me he llevado!. Sí, los tuvieron.

Entre las pocas mujeres “músicos” que aparecen en las enciclopedias a algunas se las menciona por ser hermanas, hijas o esposas de afamados compositores. A otras se las menciona por ser personajes de la nobleza que, en su día y por su condición, tuvieron fácil acceso a una enseñanza musical de calidad. Unas destacan sólo como intérpretes; otras, también lo hacen como compositoras. Sin embargo son muchísimos los casos de mujeres que por no estar incluidas en el mismo grupo que las anteriores se han convertido en las grandes olvidadas de estos tratados. Si en las demás artes, como en la música, existen tantas luces por alumbrar, tal vez estemos perdiéndonos demasiadas cosas que con toda seguridad no desearíamos ignorar.

La historia nos ha dejado numerosas pruebas (algunas anecdóticas) que dejan bien claro y patente la gran valía que, como intérpretes de algún instrumento e incluso como compositoras, demostraron muchas mujeres. Estos son algunos escasos ejemplos. Están citados desde tiempos más remotos hasta más próximos. A unos los he seleccionado por la impresión que algún detalle de su vida u obra me ha causado. A otros porque es ineludible citarlos. De una o de otra forma espero que os agrade conocerlos

Hildegard von Bingen (1098 – 1179). Abadesa, dramaturga, teóloga y compositora alemana, conocida también como “la sibila del Rhin” y famosa por ser la primera mujer que predicó en plazas públicas en una época en la que esto, ciertamente, no era muy normal. Nacida en Renania, a los 8 años fue confiada a las monjas benedictinas de Disibodenberg para su educación. Estudiosa incansable, pronto tomó los hábitos y a la muerte de la abadesa del monasterio fue elegida como su sucesora por sus grandes dotes de “mujer práctica y excelente organizadora”. Afirmaba estar iluminada y en una de sus numerosas visiones, según dice, una voz le dijo “cuenta y escribe lo que ves y oyes”. Y así lo hizo. Escribió libros explicativos de los Evangelios, un tratado de ciencias naturales, otro sobre el cuerpo humano y sus enfermedades (incluyendo consideraciones francas y concretas sobre la función sexual femenina), poemas, vidas de santos y por supuesto, música. Himnos, responsos, misas y una representación sacra constituyen hoy una auténtica joya para los estudiosos musicales de este periodo artístico. Una de sus frases más célebres: “la mayor bendición tiene forma de mujer”.

Leonor de Aquitania (1122 – 1204). Nieta de Guillermo IX, duque de Aquitania, se casó con Luís VII de Francia, convirtiéndose en reina de Francia. Tras declararse nulo este matrimonio, se volvió a casar con Enrique de Anjou quien la llevó al trono de Inglaterra. Desde muy joven demostró un gran talento musical, sintiéndose atraída por el arte de los trovadores del sur de Francia (trobadours) y convirtiéndose en una de las primeras mujeres trovador (trobairitz) de la historia a la vez que mecenas incondicional de estos artistas. Extendió esta práctica musical por el norte de Francia donde al trovador se le llamó trouvère intentando trasladar el movimiento trovadoresco a Inglaterra. La existencia en este país de unos cantantes ambulantes conocidos como “glee singers” y “glee maidens” impidió el éxito de la empresa. Sabemos que puso música a muchos de sus poemas aunque desgraciadamente y debido a que, como muchas de las trobairitzs, no dominaba la recién inventada notación musical, no ha llegado hasta nosotros. Estas composiciones a menudo se acompañaban con algún instrumento como el laúd, flauta, tamboril, pequeñas arpas, etc.

Ana Bolena (1507 – 1536). Aunque más conocida por ser la segunda esposa de Enrique VIII y por todo lo que este hecho supuso en su vida, Ana Bolena también fue gran amante del arte musical llegando incluso a componer ciertas melodías para voz y laúd. A ella se le atribuye (no sin alguna duda por parte de ciertos musicólogos) la popular canción “Deathe rocke me asleepe” (La muerte me acuna mientras duermo). Los versos de la misma hablan de su inminente muerte (parece que fueron escritos durante los últimos meses de su vida) y resultan conmovedores. En la parte instrumental de laúd, la autora nos hace oír por imitación el sonido de la campana que llama al condenado al patíbulo.

Rafaella (1570 – 1656) y Vittoria (1573 –1620) Aleotti. Hijas de un arquitecto de la corte del duque de Ferrara, estudiaron clavicémbalo y composición. Sorprenden por ser las fundadoras del “Concerto grande”, un grupo vocal e instrumental formado por más de 23 músicos (voces, laúdes, cornetas, trombones y clavicémbalo). Bajo la dirección de Rafaella el grupo actuó en presencia del Papa Clemente VII y de la reina de España, quien quiso llevarse con ella a Rafaella como su organista particular. Rafaella tiene editado (en Venecia en 1593) un libro de motetes a cinco y diez voces titulado “Sacrae cantiones. Liber Primus”. También se publicó en Venecia un libro de madrigales a cuatro voces titulado “Ghirlanda de madrigali”.

Francesca Caccini (1587 – 1640). Nacida en Florencia primogénita de J. Caccini quien la inició en estudios musicales de canto, laúd y composición. Junto a su hermana Settimia fundó el “Concerto Caccini”, conjunto de canto que viajó por toda Europa con gran éxito. Como cantante debió fascinar de tal manera que sus celosos protectores (trabajó para los Medici) rara vez permitían que abandonara Florencia. Fue además una virtuosa del clavicémbalo y del laúd. Musicó muchas canzonettas (melodías) del joven Miguel Ángel Buonarrotti. También fue pionera al crear una escuela de canto tal como ahora las conocemos y en 1615 se representó en el palacio Pitti “Il ballo delle Zigane” una especie de ópera (forma musical que por entonces acababa de nacer) musicada por ella. En 1619 puso música a “La fiera” con letra del propio Miguel Ángel. Su obra maestra es “La liberazione di Rugiero dall´Isola d´Alcina” un ballet representado el 3 de Febrero de 1623.

Elizabeth Claude Jaquet de la Guerre (1667 – 1729). Considerada por muchos la primera compositora francesa de importancia. A los seis años actuó ante Luís XIV en Versalles como “una verdadera niña prodigio”. En los diarios parisinos aparecen críticas de algunas de sus actuaciones en las que se puede leer “canta las cosas más difíciles, toca el clavicémbalo y es capaz de acompañarse a sí misma… Compone música y puede hacerlo en todas las tonalidades”. En 1694 la Real Academia de Música Francesa le estrenó su ópera Céphale et Procris que consiguió un apabullante éxito y en 1708 se le publicó el primer libro de cantatas en lengua francesa de la historia. Sus obras para clavicémbalo nada tienen que envidiar a los compositores masculinos de su época (incluido F. Couperin).

Marianne de Martínez (Viena 1744 – Viena 1812). Fue el último de los tres amores de Metastasio de quien era una gran admiradora (parece que una diferencia importante de edad les apartó de la idea del matrimonio). En 1753 alojó en su casa a J. Haydn quien por entonces comenzaba a abrirse camino entre la elite de los compositores de la Ciudad Imperial y de quien recibiría clases de clavecín. Llegó a ser académica de la Filarmónica de Bolonia “… por su genialidad y por la absoluta precisión de sus composiciones”. Junto a su hermana Antonia y tras la muerte de su padre y de Metastasio convirtió su casa en punto de encuentro para los músicos que se encontraban de paso por Viena siendo algunos de sus huéspedes, J. Haydn, W. A. Mozart y L. van Beethoven con quienes tuvo el honor de tocar el piano a cuatro manos. Son algunas de sus obras “Letanía a la beata Virgen María” para coro mixto y orquesta, los oratorios “Isaac, figura del Redentor” y “Santa Elena en el calvario”, tres conciertos para clave y orquesta, varias cantatas profanas, arias, música sacra y numerosas sonatas para piano.

Marianne Mozart (1751 – 1829). Muy conocida por ser la hermana de W. A. Mozart fue como su hermano una auténtica “bestia” interpretando con instrumentos de tecla aunque su talento como compositora está lejos de igualar su valía como intérprete. Junto a él y a su padre recorrieron gran parte de la geografía europea dando multitud de conciertos a dos y cuatro manos delante de reyes y nobles. Los tres daban clases particulares para sufragar los gastos de los viajes. Sus composiciones son principalmente breves fragmentos para piano.

Isabel Colbrán (Madrid 1785 – Bolonia 1845). Recibió sus primeras lecciones musicales de su padre. Estudió canto con el gran Crescentini, debutando en la ópera de Prís a los dieciséis años. Pronto fue reclamada por los mejores teatros de ópera de Italia. Famosa por su hermosísima voz, allí conoció a G Rossini con quien acabaría casándose. En todas sus óperas, Rossini reservaba un papel principal para Isabel. Entre ambos amasaron una fortuna inmensa. Las aventuras profesionales (y amorosas) del marido en constantes giras por Europa acabaron minando un matrimonio que por otra parte nunca había parecido feliz. Isabel se convirtió en una asidua de las mesas de juego gastando cifras enormes. Excelente conocedora de sus propios recursos vocales, publicó cuatro colecciones de Canciones en las que emplea un estilo que el propio Rossini luego aprovecharía para sacarle partido a la cantante.

Clara Wieck (Leipzig 1819 – 1892). Esposa del compositor R. Schumann estudió con su padre piano y composición. Con tan sólo 9 años era una virtuosa del piano. Fue ella quien presentó en concierto público por primera vez las 32 sonatas para piano de L. van Beethoven, sonatas de una dificultad de ejecución e interpretación notable y que como numerosas composiciones en aquella época, no habían sido concebidas sino para ser interpretadas en salones privados. Se casó con R. Schumann con quien tuvo 7 hijos. Tras 15 años de matrimonio y debido a la mala salud física y mental del marido (intentó suicidarse en numerosas ocasiones arrojándose al Rhin), este fue internado en el manicomio de Endenich. Para mantener económicamente esta situación, Clara no dejó de tocar en las mejores salas de concierto de Europa, en las que era aclamada. Como compositora, y a pesar de las numerosas invitaciones que le hacían animándola a componer, sacrificó su gran talento en favor de su marido limitándose a inspirar y enriquecer con valiosas sugerencias el trabajo de este. Ella misma estuvo convencida de su talento para esta tarea y parece renunciar con rabia a estos menesteres cuando en una ocasión afirmó “maldito sea mi padre que me enseñó la composición y me hizo creer que soy una compositora”. En una carta a un amigo, J. Brahms (íntimo amigo de los Schumann), escribe: “he enseñado a Clara mi sinfonía y me ha sugerido algunos cambios que pienso respetar. Mi estima por ella es infinita”. Trabajó como profesora en el Conservatorio de Frankfurt hasta 1892. Sus lieder (canciones) muestran una madurez y musicalidad sorprendentes que anticipan la obra de R. Wagner.

Louise Adolpha Le Beau (Rstatt 1850 – Baden Baden 1927). Inició una fulgurante carrera como concertista de piano y compositora. En 1889 la revista Neue Musik Zeitung le dedicó su portada y un articulo de fondo en el que entre otras cosas se decía: “Debemos aclarar que la señorita Le Beau no sólo compone como un verdadero hombre, consiguiendo una musicalidad total, sino que además no se comporta como algunas compositoras, que intentan convencer a los hombres de su originalidad con el movimiento de sus cabellos”. Si los críticos afirmaban eso de ella podemos suponer que componía con talento y que sabía utilizar correctamente los conjuntos instrumentales u orquestales. Se atrevió a polemizar sobre el papel de la mujer en la sociedad alemana de la época y no tuvo ningún reparo en afirmar que la mujer, por su condición de madre y servidora de la familia, no podía tener tiempo material para dedicarse a la creación. A menudo se preguntaba si era justo que la mujer sólo pudiera esperar que sus trabajos fueran considerados como de “calidad secundaria”. Fue amante de escribir obras para grandes conjuntos instrumentales. Destacan sus oratorios Ruth y Hadumot y una ópera Der zauberte Kalif.

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